dimarts, 31 de juliol de 2007

Espíritus

Un último post antes de marchar a Argentina.
Δασεῖα y ψιλή son dos de los símbolos prosódicos inventados por los filólogos alejandrinos para ayudar al aprendizaje del griego a quienes desconocían esta lengua en época helenística. Provienen de la división en dos mitades de H, la parte izquierda para indicar el espíritu áspero y la derecha para el suave. Tales signos fueron evolucionando y simplificándose hasta llegar a la grafía actual, que empezó a utilizarse en manuscritos del s. XI.
Nadie especificó que se hubieran de pronunciar de una manera determinada hasta que llegamos al Renacimiento. Para los erasmianos el spiritus asper equivalía a una aspiración, mientras que el spiritus tenuis, por el contrario, indica la ausencia de aspiración, es decir, sería mudo. La única justificación que dan los erasmianos para esta interpretación es que en latín el espíritu áspero se transcribe con hache (ej. harmonia< ἁρμονία). Erasmo trata el tema al hablar de h, aunque en lugar de aclarar el asunto crea más confusión. Reconoce que no es una letra del alfabeto, sino un símbolo cuyo sonido varía: suave delante de vocal, detrás de vocal aparece sólo en interjecciones del tipo ah, vah, oh, … y con mayor dinamismo suena después de consonante, sobre todo después de c, t y p, como en chorus, thymum, phyllis.
¿Pero en qué consistía realmente tal aspiración? El de Rotterdam no despejó la incógnita. Erasmo-león compara la fuerza del espíritu con el viento capaz de arrancar árboles y azotar el mar y provocar seísmos. Ante estos símiles, Erasmo-oso recomienda moderación, que cerremos un poco la boca al respirar para no marear al que tenemos enfrente, sobre todo si recién hemos comido ajo. En fin, que como el sistema erasmiano había abierto las puertas a cualquier modificación, a algunos se les antojó que el espíritu áspero debía pronunciarse como en inglés home o aleman heute y se quedaron tan panchos.
Estos pseudos-helenistas no tuvieron en cuenta que en ninguna lengua latina la h- inicial suena a aspiración, ni a jota andaluza ni nada por el estilo. Pasaron también por alto que precisamente en latín ya era muda.
También la inicial y la ῤῥ intersilábica se escriben con espíritu áspero y pasan al latín y otras lenguas modernas con h (ῥήτωρ >rhetor), aunque en este caso la ro no es considerada como aspirada por los erasmianos, pues no se podría pronunciar con aspiración (al menos no se atrevieron a sugerirlo, tal vez porque no tenían un equivalente en su lengua).
Los erasmianos, sin embargo, no tuvieron en cuenta que en jónico, eolio y la mayor parte del dorio no se conocía la aspiración ya desde época arcaica. El ático durante el periodo anterior a la adopción del alfabeto jónico es bastante inestable en este sentido. Los erasmianos no se plantearon porqué en numerosas inscripciones áticas aparecen casos de ρ inicial con espíritu suave, porqué H concurre con Λ y Γ donde la aspiración es imposible, porqué en otras ocasiones se coloca equivocadamente y se utiliza espíritu áspero en vocal inicial de palabras que normalmente no lo llevan o al revés, o porqué otras palabras aparecen sin espíritu alguno. Todos estos casos están recogidos en los estudios de Caragounis y Tovar ya citados anteriormente.
El autor griego señala que tales errores se debían a que el sentido de la aspiración en ático se había ya perdido antes del final del periodo clásico, pero se siguió usando como elemento histórico, no como algo vivo en la lengua, es decir, tal cual se utilizaba hasta hace poco en Grecia.
El autor argentino precisa que no se trata de errores ortográficos, pues si el espíritu áspero se pronunciase se notaría, mientras que los errores en griego se cometen a causa de homofonía. Más bien es posible que se tratase de una marca con un fin nada relacionado con la aspiración.
La notación alejandrina en cuestión tuvo seguramente un valor histórico, que indicaba sencillamente la pérdida de una consonante inicial acaecida en tiempos arcaicos, como se ve por la comparación con otras lenguas indoeuropeas, cf. ἑπτά, ὑπέρ, latín septem, super. Este hecho sí parece intuirlo Erasmo, cuando precisa: “en el préstamo del griego el latín a menudo transforma la aspiración en s de manera que en lugar ἕξ dicen sex.” La observación en cuestión se obvió de nuevo.
No me sirve el argumento de quienes pronuncian jo joplites para que los alumnos aprendan a escribir hoplita. La etimología y la fonética son dos cosas diferentes y compatibles. No renunciemos a la eufonía del griego y expliquemos simplemente que el artículo se escribe con espíritu áspero, al igual que ὁπλίτης y los derivados de ὅπλον, ὁπλομαχία, ὁπλοφόρος, ὁπλίζω etc., palabras todas ellas, por cierto, vigentes todavía en griego moderno.

dissabte, 28 de juliol de 2007

dzzzzZZZ

Poco o nada significativo es lo que dice Erasmo sobre la pronunciación de la letra Z: “la tercera de las consonantes dobles es la ζ que encierra la σ y la δ … pasa en latín a doble s … los alemanes hacen un buen y frecuente uso de la letra en la lengua popular, y me parece que también los polacos y rusos le tienen especial estima.”
A partir de aquí el oso empieza a enrollarse sobre cómo pronuncia cada cual en su idioma la s, a lo que el observador león le señala: “veo que la correcta pronunciación es una cosa más difícil de lo que imaginaba, pero todavía no me acabas de explicar cuál es la pronunciación de la ζ”. Como si por una le entrara y por otra le saliera, el oso continúa hablando de la silbante sorda: “Dioniso (el de Tracia) detestaba esta letra porque los hombres lo aprendieron de las serpientes, e igualmente entonces tendría que aborrecer la k, que pertenece a las ranas, la b, a las cabras, la m, que recuerda a los bueyes, la o, característica de los burros, la r, propia de los perros cuando aúllan… ”
En vista de que el oso se va por las ramas, al final el león no tiene más remedio que dejarlo estar, concluyendo que “la fusión con la δ suaviza la aspereza de la silbante”. Uno se pregunta cómo no se le ocurrió al holandés justificar el sonido de ζ como la z alemana (ds) aportando como prueba el sonido de los mosquitos puñeteros en verano!
La consonante en cuestión no proviene de δσ sino de σδ, como ya anotó precisamente Dioniso de Tracia en su Arte Gramática, aunque este dato se cuida Erasmo de no citarlo. Según la tradición, la Z fue inventada por Simonedes hacia el 530 a.C. Anteriormente los antiguos, como nos informa Platón en el Crátilo, empleaban δ en vez de ζ: νῦν δὲ ἀντί τοῦ δέλτα ζῆτα μεταστρέφουσιν. Los dorios escribían σδ antes de su invención. Los casos de substitución de ζ por σ delante de β, γ, δ y μ en inscripciones son frecuentes (tipo Ζμύρνα, ζμικρός, πρεζβευτοῦ, Πελαζγικόν κτλ.), lo que demuestra que la zita tenía un sonido similar a la s sonora catalana, tal cual suena en griego moderno la σ ante estas consonantes sonoras! Esto mismo evidencian los errores tipo Σεύς en lugar de Ζεύς (340 a.C), así como los dobletes en inscripciones áticas del s. V del tipo Ἀζειοί-Ἀζζειοί, que hubieran sido imposibles de pronunciar como A-zd-zd-e-i-o-i.
En definitiva la pronunciación a la erasmiana no tiene justificación lingüística, para variar. Es acorde con otras lenguas, pero supone una cacofonía más aplicada el griego.

dijous, 26 de juliol de 2007

La diéresis ¿pa qué?

¿Qué es un diptongo? Definición básica: unión en una sílaba de dos elementos vocálicos; en griego se habla del encuentro entre una vocal áspera y una suave. En su Fonética Histórica Lejeune precisa que en realidad es una vocal única que cambia de timbre en el curso de su emisión. Los erasmianos, sin embargo, interpretaron el término δίφθογγος literalmente como “dos sonidos”, es decir, los correspondientes a las vocales que integran sucesivamente un diptongo y que por tanto deben pronunciarse de modo separado.
Los argumentos que utiliza Erasmo para demostrar esta pronunciación son poco convincentes. Primero justifica el valor del diptongo en función de la cantidad silábica: “los diptongos son de cantidad largos para dar tiempo a que se escuchen ambas vocales”. ¿y qué pasa con los finales breves –οι, –αι? Luego alude cuestiones de ortografía, pues la pronunciación separada de las vocales de los diptongos evita la confusión que le producían, en boca de bizantinos, palabras del tipo αἴρω / ἐρῶ. Para saber cómo pronunciar cada diptongo el de Rótterdam recurre a las lenguas que él conoce mejor: αι como en alemán Kaiser (aunque reconoce que esta palabra, del lat. Caesar, tiene en holandés el sonido e o η [1]), ει como en holandés “huevo” (ei), ου como en holandés “oro” (gout). Los factores de tipo "sociolingüístico" que explicarían el cambio son, cuanto menos, curiosos: “algunas mujercitas consideraban que era elegante formar la palabras con la boca medio cerrada… la pronunciación de los diptongos deforma el rostro y su articulación requiere un tono de voz considerado hoy vulgar y menospreciado, porque se considera adecuado sólo para charlas de pueblerinos”.
Erasmo, que no manejó inscripciones, no era experto en dialectología griega, ni conocía el indoeuropeo, tuvo que recurrir a estas estupideces que muchos aceptaron. Hoy sabemos que los diptongos heredados del indoeuropeo pasaron al griego sin alteración, pero en otras lenguas, como el sánscrito, se convirtieron en vocales largas de timbre e, o. Con todo, dentro del sistema vocálico griego los diptongos fueron un elemento inestable, por lo que tendieron a ir desapareciendo en épocas diferentes, qudando completa dicha evolución ya en el periodo helenístico.
El tema es complejo, porque es preciso tener en cuenta el tema del alfabeto y el tratamiento gráfico que recibieron los diptongos en los diversos dialectos. En ático, por ejemplo, antes de la adopción del alfabeto jónico, la letra E representaba los sonidos que más tarde se escribirían como E, H vocal y EI, mientras que O representaba los sonidos que posteriormente se representarían como O, Ω, y OY. Posteriormente EI, OI acabarían representando, identificándose por tanto en la pronunciación, tanto a los antiguos diptongos (primera sílaba de λείπειν y τούτου), como a las vocales largas cerradas secundarias (segunda sílaba de λείπειν y τούτου).
Como señala S. A. Tovar, “lo más seguro es que δίφθογγος significase "dos sonidos escritos", pronunciados como uno simple, salvo cuando los divide la diéresis, que se inventó precisamente para cumplir esa función, como su propio nombre indica. El propio Erasmo y sus partidarios se contradicen cuando sostienen el método de pronunciar separadamente las vocales de los diptongos (lleven o no diéresis) y simultáneamente aceptan que el diptongo OY debe pronunciarse como ou francesa, o sea, en un sonido simple, como lo hacen los griegos modernos”.
Como muestra la ausencia de contracción en la épica homérica, los diptongos en la época arcaica habrían tenido una pronunciación mediante la cual sonaban ambas vocales. Pero no hubiera sido posible, por ejemplo, el paso de AI > Ε, si el diptongo no se hubiera pronunciado como una vocal larga de timbre intermedio entre a y e [2]. Lo parece intuir el propio Erasmo en un pasaje final de su obra, que curiosamente parece haber pasado desapercibido a los erasmianos:
León: -¿Escuchaste como αι- no era exactamente igual que la ε de las palabras que empezaban con κε- o με- ? Oso: -Estaría sordo, si no lo hubiera escuchado. León: -Es aproximadamente el mismo sonido que se escucha en la lengua de los suevos cuando pronuncian la palabra Kaiser. Oso: -Muy similar. No era exactamente α ni ι, sino una letra que contenía ambas.
El proceso de monoptongación lo explica C. Caragounis [3] del siguiente modo: “en época clásica, cuando la contracción está ya completamente desarrollada, los diptongos eran pronunciados como un solo sonido. Esto se ve claramente por la multitud de ejemplos en los cuales I substituye a EI desde el s. VI a.C. … La ley básica de la trisilabotonía, según la cual las palabras griegas reciben el acento sólo en las tres últimas sílabas, hizo que el acento se situara en la primera o en la segunda vocal de cada diptongo; άι-αί, έι-εί, όι-οί, όυ-ού, etc. Aquellos diptongos que fueron acentuados en la primera vocal resultaron los impropios (originalmente escritos (AE)AI EI, OI, YI, después AI, HI ΩΙ, ΥΙ) con la segunda vocal perdiendo su sonido y quedando primero adscrita y luego (s. XIII) subscrita. Los que fueron acentuados en la primera vocal se pronunciaron como monoptongo. Así la pronunciación de AI tendió a coincidir con E, las de EI, OI y YI terminaron coincidiendo con I, mientras que Y se movió hacia I y el sonido de U fue representado por OY. Todo este proceso, como demuestra la evidencia de las inscripciones, se inició ya en el periodo pre-clásico.”
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[1] Un ejemplo más de las barbaridades a la que se prestó el sistema erasmiano fue la corriente alemana que elaboró un método de pronunciación del latín basándose en la falsa fonética del diptongo griego αι como ai y en la trascripción del latín Caesar al griego Kαῖσαρ. Obviaron las lenguas románicas (castellano César) y las eslavas (ruso Tsar), o de la trascripción del griego al siríaco kesar.
[2] Según Lejeune la asimilación se produce primero en Beocio donde desde el s. V ya se escribe αε en lugar de αι. Caragounis explica que AI originalmente se escribía como AE y que cambió por analogía con EI, OI, OY, si bien, a causa de su original composición, no adquirió el sonido i, sino que retuvo su sonido de e.
[3] cf. “The Error of Erasmus and the un-Greek pronuntiations of Greek, Filología Neotestamentaria (1995) 160-170.”

dissabte, 21 de juliol de 2007

¿pronunciación erasmiana? no, gracias

Me temo que este blog va ser algo monotemático este verano. El post de hoy quiere dar respuesta a Sebastià Giralt, el primer compañero que, a raíz de mis comentarios sobre el fraude del sistema erasmiano, dedica un post para justificar su utilización.
En primer lugar hay que tener claro que la pronunciación erasmiana no es científica sólo por el hecho de no utilizar criterios y argumentos sólidos e incurrir en incongruencias insalvables. Ni siquiera constituye una mezcla de diversos dialectos de épocas diferentes. Como señala C. Caragounis, no implica leer a Esquilo como si fuera Demóstenes. Es algo más grave. Se trata en realidad de utilizar unos sonidos que jamás existieron en la lengua griega, que no están atestiguados en inscripción alguna.
Es un error pensar que la pronunciación erasmiana se acerca más que la “moderna” a la trascripción latina y las derivadas en otras lenguas, y que de este modo es más transparente la conexión etimológica entre el griego y la lengua materna en cuestión. Aunque hay una serie de normas establecidas de unificación internacional del procedimiento de la trascripción, los problemas de esta práctica, que a menudo se confunde además con la transliteración o la traducción, son enormes. Yo soy partidario de la transcripción cercana a los sonidos de la lengua griega y no del equivalente latino, es decir, prefiero Posidón a Poseidón, Odiseo a Ulises, aunque el Word no me los reconozca.
Confunde enormemente a los alumnos que transcribamos παιδαγωγός en latín paedagôgos y en castellano pedagogo, cuando después le pedimos que pronuncie paidagogos! Lo mismo sucede con los diptongos ει, ευ (cf. εἰρωνεῖα, εὐαγγέλιον). ¿De qué sirve transcribir οἰκονομικός en latín oeconomicus para pronunciarlo después a la erasmiana como oikonomicós? ¿Quién explica porqué ου es el único diptongo monoptongado? Decimos democracia, bien, ¿peró qué pasa con efímero? El espíritu áspero se transcribe como h-, salvo excepciones como endecasílabo (ἕν), odómetro (ὁδός), ilota (εἱλωτής). Las palabras que siguen su propia norma son otra complicación añadida: cf. estratagema (στρατήγημα), glucosa (γλυκύς), axioma, pero Alejandro, céfiro, pero Zeus, etc.
No son además pocos los términos griegos que que han pasado a nuestras lenguas a través de la pronunciación mantenida durante siglos en Grecia. A su vez la ciencia ha creado numerosos neologismos de procedencia helena sin importarle la adulteración erasmiana. He aquí algunos ejemplos.
Quines afirman que la pronunciación erasmiana es más fácil de aprender que la “moderna”, es porque, o no saben en realidad cómo se hablaba el griego en época de San Pablo, o no aplican el sistema erasmiano al pié de la letra. A esto último es precisamente a lo que dio pié el nuevo y artificial sistema, es decir, que cada cual pronunciara el griego según se lo dictaba su propia fonética, rematando así una lengua ya moribunda. De ahí que los alemanes pronuncien ευ como oi y los franceses como oe, que los italianos lean t / k donde hay θ / χ, o los ingleses sharis donde dice χάρις.
Nosotros tenemos la ventaja, que no aprovechamos, que nuestra fonética es muy similar a la griega. Hay quien dice –no los ingleses– que son demasiados los sonidos i y que esto se presta a confusión. Es absurdo utilizar el sistema erasmiano con la excusa de aprender ortografía. Os diré que mis alumnos escriben sin demasiadas dificultades -al cabo de unos cuantos dictados- frases como ἡ καλή γυνή καλεῖ αὐτήν, porque identifican el artículo, el nominativo de la 1ª, diferencian lo que es verbo de adjetivo, etc., es decir, procuro que lean o escuchen tratando de entender, reafirmando así los conocimientos de morfología. Y si no, ya les corrijo las faltas las veces que haga falta. Al contrario, antes de mi etapa anti-erasmiana, los chavales confundían H con E, EY con EOY por ejemplo, y no eran capaces de leer una frase simple de un tirón.
Este sistema me permite utilizar material “auténtico”, como decía una amiga portuguesa. Cuando recurro a las canciones puedo incidir en aspectos gramaticales, les motivo y, lo más importante, esto me permite transmitirles la idea que el griego es una única lengua (no una mezcla de inglés, turco y búlgaro como se piensan algunos), y que por ello podrían llegar a entenderse si viajan a Grecia. El aprendizaje del griego mediante su pronunciación histórica (que no “moderna”, pues se remonta a época helenística; incluso algunos cambios aparecen en época clásica) facilita pues el acercamiento a la cultura helena contemporánea y medieval. La división entre griego antiguo y moderno responde a una actitud ideológica que causó la defunción del mundo clásico y que tuvo su origen en la publicación en 1528 del famoso Diálogo de Erasmo.
La cuestión que cabría plantearse por tanto es: ¿debe un filólogo clásico saber también griego moderno? La respuesta con otra pregunta: ¿acaso los hispanistas ingleses no saben hablar castellano? Obviamente, se puede vivir perfectamente sin leer en su original a Seferis o el Erotókritos (espero haberlo trascrito bien). Pero, como sucede con las TIC, sólo cuando uno empieza a familiarizarse con ellas se da cuenta de lo que se ha estado perdiendo.

divendres, 20 de juliol de 2007

Oposicions 2007 i altres reflexions estiuenques

Que les clàssiques estan mal no és una novetat. Que poden arribar a estar pitjor, vull pensar que no. I no perquè espere que l’administració vaja a preocupar-se i siga conscient de la importància de les nostres especialitats en la societat, assegurant una major presència de la cultura grecoromana en l’ensenyament. Ho pense perquè els professors, dels qui ha de partir l’espenta fonamental, estan cada vegada més implicats en la tasca docent.
Lluny queden els temps en què, si volies innovar una mica, en les teues classes només disposaves de les orientacions de l’apartat de didàctica publicat en la revista de la SEEC. Des de fa uns anys la feina que realitza la nostra Assessoria de Cultura Clàssica des del Cefire de Sagunt, fomentant la formació permanent amb cursos i seminaris, està contribuint sens dubte a que açò no pare. D’altra banda la ret avui ens ha facilitat la posta en comú de materials i experiències d'altres companys. Gràcies a plataformes com Chiron qui no es renova és perquè no vol. Per a molts la docència sense les TIC és ja algo imprescindible.
Les meues primeres converses sobre metodologia es remunten als anys d’estudiant universitari. Compartir pis amb una companya de carrera et permet, a banda de poder copiar-te els apunts- tindre algú que et done ànims i no decaure penedit de no haver triat uns altres estudis. Aquesta teràpia avui la substituí la blogosfera.
Una de les qüestions que sempre em va preocupar fou el tema de la pronunciació. Durant molt de temps vaig viure en la ignorància completa, gràcies als meus il·lustres professors, sobre tot pel que fa al grec. I què passava amb el llatí? Era correcta la pronunciació italiana? Per què la nostra no? Estudiar per a l’examen d’Horaci és el que hauries de fer millor, em recomanava la meua companya. Per aquella època enteníem que estudiar una llengua clàssica passava per empollar-se la gramàtica i copiar els textos en un full per tal d’omplir-los de ratlletes i posant etiquetes a cada paraula. Vaig suspendre Horaci, és clar, i també m’haguera caigut Tàcit si no haguera fet com Al Pacino en el Padrí, amagant l’arma en el lavabo.
Tenía un company que, al contrari meu, suspenia totes les matèries teòriques, però era brillant en les de traducció. No venia mai a classe, perquè es quedava a casa o al bar llegint els originals. Va estar molts anys fent de carter per Albacete, fins que li vaig perdre la pista. Espere que en algun moment es pugura presentar a les oposicions, abans que canviaren el sistema, llevant la part de traducció.
D’aquest nou sistema se n’ha parlat molt. Quasi tot el mon, com ara A. Ortolá, s’ha mostrat contrari, per dues raons: perquè suposadament obria les portes a gent d’altres especialitats i perquè ja no calia saber grec ni llatí. Lo primer no s’ha produït, i en qualsevol cas em pareixeria bé sempre que als clàssics ens deixaren optar per una plaça d’història o d’educació física. En aquest món globalitzat tot pot ser, oi? El segon argument és més conflictiu. A tots els filòlegs clàssics se’ls pressuposa un nivell suficient de coneixements per poder fer classes en secundària. Algú em comentava que la reducció de les proves pràctiques tenien com objectiu bàsic primar els mèrits dels interins. Potser tinga raò. Però és que tal vegada els interins saben traduir menys que els que han acabat fa poc la carrera? Vull pensar que en realitat el que es tendix a valorar és la capacitat de motivar els alumnes i d’ensenyar-los a que aprenguen a aprendre. Ser un excel·lent traductor no implica saber cóm ensenyar l’aorist. Per aixó, supose -a banda de les qüestions polítiques derivades- van suprimir els temes de la LOGSE, insistint en la programació i les unitats didàctiques. Jo llevaría fins i tot els temes de cultura, si més no, el de les laringals! Llevaría el tema 69 i posaria una sala amb ordinadors per a que feren una aplicació qualsevol. Llevaria el tema de l’oratòria i demanaria m’explicaren quin mètode cal emprar per aprendre a traduir l’Apología de Sòcrates de Xenofont. Si el que se’ns exigeix és competència lingüística, per què no es fa una entrevista i prou? en llatí o grec, és clar.
La meua enhorabona als que han aprovat, entre ells Mariví. Ho senc molt per Isra, Iaenus i la meua companya de pis en Valencia, que s'ho mereixíen tant.

dissabte, 7 de juliol de 2007

¿Qué hacen los burros?

Todos los manuales de griego y latín actuales suelen empezar con cuestiones de fonética. Una de las primeras rarezas que aprenden o que tratamos de enseñar a nuestros alumnos de “lenguas muertas” es el tema de la cantidad vocálica. En principio resulta curioso saber que hay vocales largas y breves. Nuestro método de latín LLPSI acertadamente las diferencia mediante la rayita sobre cada vocal larga y es así como procuramos seguir la regla de acentuación de la penúltima. En el caso del griego los alumnos sólo tienen clara desde el principio la cantidad de las vocales por naturaleza largas η y ω. Pero en la práctica -aparte de los dictados- al leer no solemos hacer distinciones de cantidad y entonamos igual un acento agudo y uno circunflejo. Somos gente vulgar, sin formación, pensaría probablemente Erasmo, si se paseara hoy por nuestras clases.
El holandés echaba de menos aquellos tiempos gloriosos en los que la gente en el teatro era capaz de distinguir entre καλός adj. y καλῶς adv., o en latín entre malo (dativo de malus), malo (prefiero) y malo (dativo de malum, manzana) que métricamente correspondían a un yambo u-, troqueo -u y espondeo -- . El problema con el griego se debía a los acentos. Sólo unos pocos cultos se preocupaban por pronunciar correctamente las palabras atendiendo tanto al acento como a la cantidad de cada sílaba. El populacho pronunciaba, por ejemplo, Μενέδημος como si las dos últimas sílabas fueran breves, ¡qué horror!
Como es sabido la pérdida de la cantidad vocálica y la sustitución del llamado acento musical por el dinámico se produce en época postclásica. En el caso del griego tales cambios empiezan a constatarse en el ático ya en el s. V a.C., como señalan Hoffmann-Debrunner.
A pesar de todo, la gente más instruïda mantuvo las antiguas diferencias cuantitativas durante mucho tiempo. Erasmo lo tenía claro: “aquel que tiene sentido musical puede fácilmente diferenciar largo de breve y agudo de grave”. Además, precisa en boca del oso: “ ¿Por qué tenemos tan poco oído cuando hablamos, haciendo larga cada sílaba que se acentúa y breves todas las demás? Incluso los burros podrían enseñarnos. Cuando rebuznan aguantan más tiempo la nota baja que la alta.”
El tema se complica cuando llegamos al tema de la analogía entre breve y larga. Es entonces cuando Erasmo empieza a elucubrar hablando de breves, semibreves, largas y mediolargas, y a establecer la equivalencia con notas musicales, tonos y semitonos. La confusión de su paciente interlocutor no puede ser mayor: “llegado a este punto -confiesa el león- necesito mi guitarra”.
Creo que a oso y al león de Erasmo les hubiera gustado escuchar aquellas Recitaciones de poesía antigua en las que A. García Calvo allá por los 80 versionaba rítmicamente hexámetros de Homero, anapestos de Aristófanes o galiambos de Catulo. A un griego o un romano de la época antigua me imagino que le producirían una perplejidad y aburrimiento semejantes al que me produce a mí escuchar un rap americano.

divendres, 6 de juliol de 2007

Què significa realment ser professor?

Algunes respostes a aquest interrogant ens les va donar dimarts passat a la Núcia el professor de la Universitat de Nottingham Christopher Day en la conferència inaugural del 1er Congrés Internacional: Escola i TIC organitzat conjuntament amb el IV Fòrum Novadors.
Tot i que no va parlar del tema concret del congrés, va estar una de les xerrades més interessants, doncs va constatar una sèrie de dades que coincideixen amb el nostre sistema educatiu. El professor Day ha realitzat un projecte consistent en trobar els factors que determinen el grau d’efectivitat i motivació del professorat anglès de secundaria.
El professor Day va començar qüestionant una premissa per molts acceptada, a saber: a major experiència i anys en l’ensenyament es suposa automàticament un augment correlatiu de la competència docent? El seguiment del gran nombre de professors que van participar en el seu estudi –voluntàriament–, va demostrar que en realitat la trajectòria professional podia ser tant ascendent com descendent. És a dir, el nivell d’eficàcia pot ser òptim o dolent tant al començament com al final de la nostra carrera docent. Aquesta efectivitat no està relacionada només amb els resultats dels estudiants, sinó també amb la percepció i valoració dels propis professors.
L’heterogeneïtat dels casos requereix d’una classificació. El professor Day va establir fins a sis fases en la vida professional dels professors, que jo ací simplificaré: la primera, fins als quatre primers anys de docència, en la que el compromís pot ser positiu o negatiu, segons la complicitat que trobem en els altres companys i les satisfaccions o compensacions morals que puguem rebre de l’alumnat. Malgrat els obstacles i interferències derivades de l’administració, el professor que comença tindrà major grau de compromís si la direcció del centre té accessibilitat i capacitat d’involucrar al professorat mantenint el sentit de conjunt i establint estratègies que recolzen als professors en moments de vulnerabilitat. Jo coneixia una noia d’anglès que, quan va començar com interina, va tindre una experiència tan dolenta que va decidir canviar de professió. Fa temps que no la veig, potser ara estiga més tranquila i guanye més diners.
Jo em trobe, crec, al començament de la segona fase: “construcció de la identitat professional, experimentació i confiança en sí mateix”. Ací l’experiència a l’estranger reconec que m’ha enriquit molt.
La fase següent, quan passe dels 8 anys donant classe de “llengües mortes”, serà crucial, doncs, segons va constatar Day, suposa sempre un punt d’inflexió en la vida professional de tot professor/a. Es aleshores quan cadascú tira cap a un costat o cap a l’altre, bé mantenint la mateixa implicació o bé, al contrari, disminuint-la a causa de la desil·lusió, problemes incipients de salut o qüestions familiars. En el primer cas es pot produir paral·lelament un canvi d’identitat produït per una major ambició d’avançar professionalment. Atenció, perquè aquesta promoció o accés a càrrecs pot anar en detriment del nivell d’eficàcia en l’aula. És aleshores quan per aquestes noves responsabilitats es produeix, en el millor dels casos, el pas de professors eficaços a gestors eficaços.
A partir de la tercera fase el risc de perdre la motivació va en augment. Hi ha una menor capacitat per adaptar-se als canvis i per reciclar la nostra metodologia conforme s’apropa l’edat de jubilació. Les relacions personals al centre es deterioren o provoquen simplement indiferència. En aquesta darrera etapa tendim a implicar-nos poc o gens en el funcionament del centre o, al contrari, aprofitem el temps lliure que hem recuperat per dedicar-nos a qüestionar-ho tot amb crítiques poc constructives.
Al nostre territori necessitem estudis d’aquest tipus per tal de resoldre els seriosos problemes de l’àmbit educatiu. L’administració hauria de preocupar-se dels professors-orientadors-educadors, doncs de la seua satisfacció professional depèn en bona mesura la qualitat de l’ensenyament i no només de les lleis que modifiquen els plans d’estudi i els continguts de les matèries impartides.
Em quede amb aquestes conclusions de l’estudi:

  • El sentit que tenen els professors amb una identitat professional positiva està associat amb el de benestar i satisfacció laboral, i és un factor clau per la seua efectivitat.
  • Els professors necessiten tindre oportunitats regulars d’experimentar una ampli ventall de cursos formals i no formals adaptats a llurs interessos individuals, rellevants per a llurs necessitats específiques en les diferents fases de la seua vida professional. Un exemple d’aquestes necessitats fou l’èxit del congrés de la Núcia. Felicito des d’ací als organitzadors, ponents i companys participants.
  • L’aprenentatge col·laboratiu dins de la mateixa escola o entre escoles diferents és una forma molt efectiva de formació continua. En el món de les clàssiques hi ha molta gent en fases diferents compromesa amb la seua tasca docent. Un bon exemple és el portal col·laboratiu Chiron.